Total…

Conversaba hoy sobre la avalancha de bestsellers y de novelas ramplonas que al cabo de haberlas leído ya no recordamos, o que simplemente no acabamos del hastío que nos produjeron. Argumentaba yo que quizás el problema de la novelística actual es que ha abandonado la pretensión, legítima y casi que obligatoria, que debe tener todo autor de crear una novela total. Pero que, incluso cuando alguno de los grandes se ha dedicado simplemente a narrar sin tener en cuneta esa pretensión, han surgido novelas deliciosas. Lógicamente me he acordado de Thomas Mann, cuya obra

cumple la primera pretensión, y como ejemplo de la segunda pongo 

deliciosa como la anterior, pero con el simple afán de contar una historia.

Por ahora continúo con los Virreyes, que se asemeja más al primer tipo, y que sigo leyendo con fruición mientras leo  oigo a Bach.

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