Esperpentos

Pues sí, esperpentos, pues sólo con ese vocablo pueden ser definidas las elucubraciones de la Consejería de educación, que pretende que nos vendamos por un plato de lentejas, que es como vendió Esaú la primogenitura a Jacob, a cambio de un puñado de aprobados más, con la única finalidad de así maquillar los desastres de su política educativa. Y es que últimamente sólo veo esperpentos alrededor, en la Consejería de Educación, en las hermandades, etc. Lástima que no tengamos un Valle-Inclán que retrate semejante número…

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Una respuesta

  1. El lunes estoy citado a una reunión en la que un adalid de la Consejería intentará convencernos de los parabienes de la nueva orden de mejora. Siguen sin querer entender por qué nos negamos a cobrar más (a vendernos, digo), por qué rechazamos la orden. Niegan el primer derecho elemental y obvio: si nos dan a elegir, siempre podemos decir que no. Pero, por lo visto, la disidencia sorprende. Cuando termine la reunión, supongo que tendré material más que de sobra para escribir una entrada acerca del nuevo capítulo del esperpento. Un abrazo, Fran.

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