La sombra se ha hecho cargo de los sueños

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“Y te enviaré mi canción:

«Se canta lo que se pierde»,

con un papagayo verde

que la diga en tu balcón”

A. Machado

… y que queréis que os diga, si nada es capaz de llenar esta ausencia. Ya sé que es Nochevieja, que es tiempo de festejar, y de pasarlo bien. Pero no me sale de dentro. Y sé que si estuviera él, estaría presto a la celebración. E incluso se hubiera arrancado a cantar algo, como en cierta noche de verano que empezamos los dos mano a mano a repasar todo el repertorio del coplerío español. 

Pedro y Pepa te añoran, lo descubrí esta mañana en sus maullidos y en sus ir y venir continuos. Tú seguro que estas jugando ahora con Feti, Miluflina, Adela y Maripol, dales recuerdos de nuestra parte.

Cuántas veces hablamos de cofradías, cuánto me enseñaste sobre ellas. Ya no habrá más desayunos de esos contigo, Carlos, Javier, Muela, Emilio…, que eran lo más parecido al Club Pickwick que haya podido imaginar. Ya nadie me refunfuñará, mientras me coloca la cola el Jueves Santo, diciendo que somos en mi cofradía raros para todo. Ya no me precederás en la Madrugá vistiendo el ruán negro. Ya nadie me recitará a Machado con voz sonora recuperándolo para mí. No sé porque se me vienen ahora cada dos por tres imágenes de ese maravilloso viaje a Roma que hicimos, del paseo por ese foro donde gustaste imaginar a la centuria bajando en dirección al Coliseo, de las eternas preguntas de la Pérfida, de las maravillosas comidas, de los helados de la Cremeria Monteforte, a cuyo dueño intentamos convencer de que abriera sucursal en Sevilla y de los 95 escalones del palazzo en Via della Rotonda. Ya no habrá una cacerolada para Benito, ni viaje a Roma. Como tú mismo escribiste, la sombra se ha hecho cargo de los sueños.

 

P.S. A todos los que leyeren estas líneas, Feliz Año Nuevo.

 

 

Alberto

alberto1Quizás hubo quien ayer se preguntó a quién se debía esa suerte de esquela que publiqué. Pues bien, se trataba de Alberto, este que veis en esta foto que le hice en diciembre de 2006 en el Trastevere, ese barrio de la Ciudad Eterna donde tan bien lo pasamos, ¿verdad?. 

Como sabéis este amigo se me ha ido, y no sé si hago bien al decir amigo, pues para mi fue mucho más, consejero, casi padre en algunos momentos. Yo, como el mismo me dijo soy de su familia, aunque por sangre no lo sea. 

De él aprendí a apreciar nuevamente la poesía de Machado, a ver con ojos nuevos cada Semana Santa, con esas cofradías que solíamos ver juntos. Esos miércoles santos viendo el Buen Fin en San Lorenzo para luego salir corriendo hacia Almansa, donde veríamos su cofradía del Baratillo. Ya no habrá más Jueves Santo en el que me pliegue la cola sobre el cinturón de abacá amarillo, ni mas madrugadas en que verle encaminarse hacia San Antonio Abad, ni más amanecidas viendo la Macarena juntos. El fue Goethe y yo Eckermann, aunque siempre tengo la impresión de no haber estado a la altura que debiera tener un alumno de tal maestro. Esta vez no se cumplió el proverbio Zen, pues el maestro apareció sin estar preparado el discípulo.

Me queda el consuelo de haber estado junto a ti hasta el último momento.

Lector, mira esta fotografía porque es de una estirpe de la que cada vez van quedando menos, desgraciadamente para nosotros…

Consumatum est

 

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R.I.P.

J. A. F. B.

28-XII-08

“Un golpe de ataúd en tierra es algo completamente serio”

(A. Machado)

Nocturno insomne

Desde antiguo la muerte y el sueño han sido considerado hermano, quizás por eso escribo esta entrada ahora, en una noche de tinieblas, las tinieblas… yo tenía un maestro y me lo arrebataron las tinieblas, decía Depardieu, mientras interpretaba a Marin Marais en Todas las mañanas del mundo, mañanas todas que se pueden condensar en esa mañana en que ambos contemplamos el amanecer eterno en las ojeras de la Macarena, cuando ya embocan sus ojeras cansadas el camino de la calle Feria, esperando que el sol salga tan brillante como si ninguna desgracia hubiera ocurrido en la noche, esas noches frías de invierno, tan frías como aquellas en que ambos, en la misma estancia habíamos vestido el negro ruan que un día nos amortajará, a ti por desgracia antes que a mí, y con el que acompañábamos al mismo Dios en distintas advocaciones, y parece que yo elegí acertadamente porque esto se me está pareciendo mucho a un calvario, y en la mirada de este Cristo muerto veo tu pupila cuando dormitas en esa borrachera proporcionada por innumerables tubos que parecen sostenerte de la misma forma que el blanco sudario sostiene el cuerpo grávido del Cristo de la Quinta Angustia, que tantas veces he visto por el rabillo del ojo mientras me dirigía a la oscuridad  y el frío de la noche en que se cantaba de antiguo el oficio de tinieblas vestido con negro hábito y ceñidos los lomos con ancho cinturón de esparto, surcando las calles, derramando por algunas de ellas la negra cera, sobre la que tú, precediéndome, habías derramado, en muchas cosas me precedes, en años, en sabiduría, en nobleza, así también la Virgen del Valle me precede y ahora entenderé en su justa medida las lagrimas que encharcan las calles que inmediatamente después pisaré, aún recuerdo esa oscura y fría noche en que recitaste el romance del emplazado, sin saber que hoy también lo eres tú y que idénticas cicutas y ortigas nacerán de tu costado, la noche, siempre la noche, la noche oscura del alma, la noche, esa noche sosegada en par de los levantes de la aurora, como dijo San Juan de la Cruz, sobre cuyo manuscrito tantas veces rezongué hasta tener otro igual, ahora yo, como el pastorcico, solo, estoy penando ajeno de placer y de contento en esta noche en que, como Molly Bloom, devano este monólogo descubriendo su poder balsámico, creyendo así que como a Penelope a mí me sucederá tu retorno.