Cuando todo puede ser mostrado, nada puede ser mostrado.

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He contemplado con estupor como se han publicado las imágenes de los TACs realizados a los titulares de una hermandad sevillana. Bien podría decir sólo que pueden herir sensibilidades, o que son de peor o mejor gusto dichas imágenes, pero el problema en cuestión va más allá de la mera sensibilidad.

Como bien ha dicho en multitud de ocasiones Carlos Colón, la sacralidad de la imagen no reside en el hecho de estar bendecida o haber sido objeto de algún rito de sacralización, sino de la imagen en sí misma. Bien es cierto, y así lo afirma Colón, que por ello no todas las imágenes son sagradas, es decir, hay algunas que son benditas, pero no sagradas, ya que no muestran un caracter de transmisión de lo trascendente; pero esto son cosas que no vienen al caso ahora. El actual pontífice, cuando aún era cardenal, escribió: El icono tiene que proceder de una nueva apertura de los sentidos internos, de un llegar a ver que va más allá de lo empírico […]. De este modo, el icono conduce al que lo contempla, mediante esa mirada interior que ha tomado cuerpo en el icono, a que vea en lo sensorial lo que va más allá de lo sensorial y que, por otra parte, pasa a formar parte de los sentidos. […] El icono procede de la oración y conducen a la oración. Una vez  dicho esto, si contemplamos esas imágenes vemos que aparecen cosificadas, alienadas en lo que supone su esencia. Por lo tanto lo que se ha realizado es despojarlas de su sacralidad y convertirlas en mero objeto de visión, al igual que se puede exponer una fotografía de un jarrón Ming o Los lirios de Van Gogh. Es decir, la visión materialista con que son tratadas hace que los que han permitido su publicación sean igual de irrespetuosos que un iconoclasta. Cosifican un objeto sagrado reduciéndolo a un trozo de madera. Y no olvidemos que cuando todo puede ser dicho, nada puede ser dicho, y de la misma forma, cuando todo puede ser mostrado, nada puede ser mostrado.

El Juramento

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Como os supongo lectores inteligentes, aquí os pongo un texto denominado “El juramento” de Claus Schenk Graf von Stauffenberg, el hombre que dirigió la operación Valkiria. Leedlo sin prejuicios hidtóricos, como si fuera un programa de aspiraciones frente a la mediocridad imperante y comentadme qué os parece:

Creemos en el futuro de los alemanes.

Sabemos que el alemán tiene potencialidades que lo capacitan para guiar a la comunidad de las naciones occidentales hacia una vida más bella.

Reconocemos en espíritu y en acción las grandes tradiciones de nuestra nación, las cuales, a través de la amalgama de los orígenes helénicos y cristianos en el carácter germánico, crearon el hombre occidental.

Queremos un Nuevo Orden que convierta a todos los alemanes en sostenes del Estado y les garantice el derecho y la justicia, pero despreciamos la mentira de la igualdad y nos inclinamos delante de las jerarquías establecidas por la naturaleza.

Queremos una nación que permanecerá arraigada en el suelo de la patria, cerca de los poderes de la naturaleza, que encontrará felicidad y satisfacción en el entorno que le ha sido dado y, libre y orgullosa, superará las bajas pasiones de la envidia y el resentimiento celoso.

Queremos líderes que, procedentes de todas las clases de la nación, en armonía con las potencias divinas, nobles y magnánimos, dirijan a los demás con generosidad, disciplina y sacrificio.

Nos unimos en una comunidad inseparable que, por su orientación y por sus acciones, servirá al Nuevo Orden y formará para los líderes del futuro los soldados que aquéllos necesitarán.

Prometemos vivir sin tacha,
            servir en obediencia, 
            mantener silencio imperturbable
            y ayudarnos los unos a los otros.

A vueltas con Port-Royal

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 Uno no puede, ni tan siquiera debe, evitar reflexionar  ciertas cosas acerca de los poderosos. Cuenta José Jiménez Lozano en su maravilloso libro Retratos y naturalezas muertas, cuya lectura desde aquí recomendamos encarecidamente, que las monjas de Port-Royal, aquellas de quienes pensaban Richelieu y  Luis XIV que eran unas republicanas, se vieron dispersas una vez que fue decretado el cierre y reconstrucción del convento. Dos de ellas vieron como unas monjas de otra orden, en cuyo convento estaban desterradas, se arrodillaron ante Su Eminencia el Arzobispo de París. Las de Port-Royal no pudieron evitar darse con el codo y preguntarse entre qué clase de gentes estaban allí, donde los hombres se ponían de rodillas delante de los hombres. Y así deberíamos ser, sobre todo cuando los poderosos intentan arrebatarnos el “yo”, ese que nos hace reflexionar, ser auténticos, y a causa del cual se vieron en esa situación dichas monjas, cuando se negaron a firmar el formulario, o el “papelito” como ellas lo llamaban, en que se condenaban las obras del que ellas llamaban “Santo Obispo de Ypres” , es decir, Jansenio. Y a causa de ello, no podían establecer una obediencia per inde ac cadaver, como les gustaba decir a los señores de la Compañía.

El dilema se plantea en los siguientes términos: cuando el tirano se muestra en su máximo apogeo ¿es lícito ejercer maniobras como las de Claus Schenk Graf von Stauffenberg? Nuestra conciencia cristiana nos dirá que no, pero a veces uno siente unas tentaciones…

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Murphy’s Law

Decíamos ayer… que había que nombrar a Job santo patrón de los clientes de empresas de telecomunicaciones y no me equivocaba. Tras dar aviso al 1002 de la avería de la línea de voz, me la arreglan, pero a cambio me dejan nuevamente sin internet, el cual he recuperado esta tarde después de no-se-cuántas-llamadas y de recuperar la práctica perdida en juramentos en hebreo y sánscrito clásico, y justo cunado iba a comprar el kit de vudú especial autoinstalable me devolvieron la línea. 

Ahí os dejo la imagen para que podáis rezarle, especialmente Morgenrot, cuyo periplo espero que se haya solucionado

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La paciencia todo lo alcanza

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Eso decía la santa abulense.  Espero que sea cierto, porque después de aguantar tropecientas mil una llamadas al 1004 y otros números similares de atención de Telefónica, después de 23 día, a pesar de que me prometieron 15 sólo, ya me han puesto hoy el ADSL, pero como los hados me son funestos, a cambio me han dejado sin línea de voz. Me han prometido tenerlo arreglado en 24 horas. Esperemos que sea verdad y no se alargue una semana más de lo debido. Le rezaremos a Santa Teresa y a Job, a quien propongo nombrar santo patrón de los clientes de compañías de telecomunicaciones.