Teutsche Gamben-stücke

A veces uno se lleva curiosas sorpresas. Por ejemplo que hoy escriba tres entradas. Esta, con este nombre teutón, es con motivo del concierto que acabo de presenciar.

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Hille Perl, que así se llama la bella señorita que nos acompaña, si bien tiene ciertos tics con su pelo que nos hizo recordar a la difunta Carmina Ordóñez, nos deleito con un repertorio que al menos yo no conocía, a excepción de J.S. Bach, de quien interpreto dos piezas, la segunda de propina. Respecto a los otros compositores, algunos eran bastante audaces en sus armonías, sonando a veces incluso disonantes. Prometo buscar piezas de los mismos, pues el efecto en mí fue parecido a la primera vez que escuché a Gesualdo.

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Im Abendrot

Fruto de mi mentalidad germánica y debido también a determinadas rigideces, he decidido crear un blog paralelo a este, pero esta vez en blogger. Se llama Im Abendrot que es el título del último de los cuatro últimos lieder de Strauss. En él pretendo ceñirme a cuestiones más de tipo cultural, espiritual y religioso (incluso cofradías). Ya he colgado mi primera entrada. Espero veros por allí. ¡Ah! Esto no significa que este no vaya a seguir funcionando. Ni mucho menos…

Lamento por el tiempo perdido

En estos momentos en que uno se enfrenta a una de las tareas más desagradables de su tarea profesional, como es la corrección, se acuerda uno del tiempo perdido, y además en una doble vertiente, la del tiempo perdido por los alumnos en actividades banales que no conducen a nada y la del tiempo perdido por el docente leyendo sandeces sin pies ni cabeza con que tratar de disfrazar la ignorancia más exacerbada. ¿Cambiará algún día esto?

El valle de tus ojos

A Rafael G. Organvídez

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(Foto: Roberto Villarrica)

Otro de los presagios de lo inminente es reencontrarnos de cerca con los ojos de la Virgen del Valle, esa Virgen enmarcada por el esplendor argentífero de su altar, en el cual, en una de las esquinas aparece cada año, obra del prodigio de Manolo Palomino, una imagen que parece más propia de una vanitas holandesa que parte de un altar sevillano: nautilus como incensario, relicario, bandeja de plata, flores… conjunción que hubiese hecho las delicias de un Vermeer. Y si bien esto nos habla de la fugacidad de la vida, luego lo compensamos con el agua del valle de tus ojos, aguas vivas, insondables, un agua que nos llama como decían antiguamente que llamaba el agua de los pozos y de los registros de las norias y que entonces te ahogabas, pero aquí sólo es posible anegarse de consuelo, por la cierta esperanza, que es verde como sus ojos y que en ellos guarda.

Miradas y consolaciones

Esta semana he tenido dos vivencias gozosas, que si bien me han otorgado gran consuelo de Dios, cierto es que también me han procurado una cierta melancolía.

La primera es que ya por fin apareció el libro de mi amigo Alberto Fernández Bañuls, que si bien siempre seguirá vivo en nuestros corazones, también podremos consolarnos aún más con este su libro que se llama “Tu mirada y la nuestra. Semana Santa de Sevilla”, que ha editado Bosque de Palabras prologado por Javier Rodríguez Barberán y que gracias al buen hacer de  mi amigo Rafa ya luce en el escaparate de la Casa del libro, donde se presentará el día 25 a las 19:30.

La segunda fue la presentación de la película que ha realizado Carlos Colón para la Hermandad del Gran Poder. (¡Ay, si en todas las hermandades se hicieran tamañas obras de amor y cariño a sus titulares!) donde al final se ha incluido la lectura del soneto último que escribio Alberto. Es sobrecogesor el momento en que sobre las imágenes del traslado de vuelta se ha incluido el canto de una salmodia sefardí.

Dos joyas de las que no podemos prescindir.

Coincidencias

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Mañana es primer viernes de marzo en San Antonio Abad. Si mi Alberto estuviera aquí, seguro que ya le estaría rebullendo la sangre pensando en ver mañana a su Cristo maniatado en el presbiterio. Mañana se renuevan las ausencias. Por otro lado mañana se inaugura en la Fundación El Monte un ciclo dedicado a Marlene Dietrich. Y como dice San Pablo que resucitamos en cuerpo glorioso, y conociendo a Alberto como lo conozco, seguro que allí arriba no le importaría en absoluto encontrarse con la gloriosa Marlene y cantar los dos a media voz “Lili Marleen” y después echar ambos un cigarrito.. Ambas cosas, besapiés y Marlene van mañana por ti, Alberto.