Sobrecogimientos

Proust2

Como decía hace muchos años María Jiménez “Ahora ya, mi mundo es otro”, y la culpa la tiene Proust.

Tras diversas postergaciones, ayer decidí coger el toro por los cuernos y adentrarme, o más bien sumergirme, en las páginas de “Por la parte de Swann”. Fue una experiencia similar a cuando escuché a Mahler por vez primera. Sobrecogido, leía lentamente y paraba cada pocas páginas para coger aire, en un estado próximo a la enajenación.

Hoy me atreví incluso a hacer lo siguiente con un grupo de primero de ESO (bueno excelente): les pedí que entornasen un poco las persianas para que la luz entrase tamizada, que cerrasen los ojos y respiraran profundamente y que se mantuviesen así mientres les leía un texto. No mencioné ni autor ni título. Les comencé a leer el pasaje en que recuerda como su madre le daba el beso de buenas noches. Paré de leer, abrieron sus ojos arrobados y me pidieron “Por favor, leenos más”. Si es capaz de hacer esto con niños de doce años, imaginaos en adultos.

Varias han sido las razones para el retraso en esta labor. La primera el polvillo de la crítica y los tópicos sobre la obra, la segunda la pereza de la horrorosa encuadernación de los volumenes de Alianza, que en formatos gruesos se desencuaderna con facilidad, la tercera, el amaneramiento del Salinas traductor. Hoy, libre de prejuicios, solucionó el resto con la maravillosa traducción de Carlos Manzano y la cuidada encuadernación de Lumen. No lo dejen pasar. Sumérjanse.

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